Colombia vive la fiebre del arte (1981)

paisaje en blanco y negro
Oleo pastel sobre papel. 1979.
Foto tomada de Colarte

Preámbulo de su obra para la bienal expone en La Oficina
Por: El colombiano

jueves 2 de abril de 1981, Culturales.

Un artista callejero que se mueve entre la gente a cómo dé lugar, se ha formado como los autodidactas. Un «cabezadura», para muchos de los que intentaron disuadirlo de su idea de ser artista, especialmente para aquellos que en alguna ocasión le dijeron que su técnica, el óleo pastel era «cosa de señoritas».

Alguna vez se decepcionó de su alrededor, del mundo y de la sociedad que intentaron aislarlo con una «camisa de fuerza», no ha sido nada fácil el «mundo del arte» para Raúl Fernando Restrepo, el artista que consiguió superarse a fuerza de pulso, pintando.

Hoy, expone en la Oficina el preámbulo de la obra que «colgará» en la Cuarta Bienal de Arte de Medellín.

Hacia la cumbre
Temprano en la mañana recoge sus implementos de trabajo y emprende su camino hacia la cumbre de las montañas que considera más representativas de Medellín: El Pan de Azúcar y La Mesa como autodenomina otra de las colinas.

Observa las transformaciones de la estructura y de la textura del terreno ocasionadas por la variación de luz natural. Estudia el fenómeno de la formación montañosa y su apariencia en los días cálidos y fríos. Aprecia los volúmenes y los planos, luego aplica una gama de colores. Juega con los complementarios, los dominantes… para mostrar las variaciones en la iluminación. «Algunas veces las montañas empiezan a respirar muy de mañana, abren sus poros y comienza a subir la neblina. Hay días verdes, amarillos, rosas y todo un arco iris, es la luz.»

Temática
«Tomo el paisaje urbano porque lleva implícito la idea de crecimiento. Éste no ha respetado la constitución que tiene el paisaje natural. Todo se ha ido fragmentando como un rompecabezas aparecen nuevos elementos.

La representación específica del Pan de Azúcar y La Mesa, desaparecen. Es algo espontáneo, abstracto, que encierra una riqueza temática y un valor.»

El color blanco en su obra es el amarillo con el cual representa la luz. Pero en general los tonos son variables, ninguno predomina.

«Cuando cojo un tema nunca sé en que va a finalizar; es una comunicación inmediata, intuitiva. Me siento como poseído de una motivación, por eso a veces paso varios meses sin tocar el óleo pastel.»

Le gusta sentirse vivo ante todo. Le gusta pararse en una esquina a pensar, o a deambular por las calles y tomarse algunos tragos. A veces se encierra hasta que se sumerge en un trance donde se produce la maduración de la idea. «Todo se hace conceptual y ya baja, uno puede estructurarse y partir hacia un nuevo elemento.»

La técnica es su amante
«En 1968 se tenía al óleo pastel como el paso anterior al óleo, con ella se aprendía la combinación de colores, era poco comercial y hasta se lo regalaban a uno. Como no tenía medios para comprar otro material me encerré con ella en un sótano y aprendía conocer sus luces. Llegué a la conclusión que el oficio no es la base de la creatividad, si no existe la parte espiritual, sin la vida misma no hay nada. Lo primero se aprende y lo otro se vive. Me relacioné con la técnica tan íntimamente que llegó a ser mi amante, la compañera diaria que llegó a contarme sus intimidades. Si en un principio me dijeron que el óleo pastel era cosa para señoritas, demuestro que no es así, porque estoy satisfecho de llevarlo a la Bienal.

Lo que mostrará.
La obra que llevará a la bienal es un proceso que va canalizado a una muestra callejera de ocho cuados de 50 x 70 cms. Es una síntesis de la exposición que realiza en la actualidad en la Oficina. Seleccionó ocho temas y retomó de los mismos, otros dos para mostrarlos en un mayor tamaño. Uno de los cuadros está fragmentado en algunas partes, el otro en cambio, parece un «rompecabezas». Considera que su trabajo fue seleccionado porque hay calidad en él, desarrollo e investigación.

Nueva técnica
Ha estructurado una nueva técnica en su proceso de investigación. Trabajando con el bahareque, la cañabrava y el hisopo, elementos que están estrechamente vinculados a la temática del paisaje urbano. Luego piensa entrar al campo de la escultura. «La piedra también me inquieta.» Regresará al dibujo para pintar con cuatro o cinco líneas, respetando el fondo del papel.

Asegura que las artes gráficas le ofrecen nuevas facetas para su creatividad. «Vivo el arte a un nivel espiritual, evolutivo. Es un proceso porque lo que pienso hoy, mañana puedo cambiarlo. Por eso no me defino como sólo un pintor, si lo hiciera sería limitar mis capacidades.»

Público especial
Asegura que su público es especial, preparado, con una formación a nivel pictórico. Por lo general son personas que han tenido contacto con nuevas formas de expresión en el arte, las que compran su obra. A nivel de mensaje, una serie de controversias y aspectos de la vida «a los cuales se aferra porque no existen otros valores para uno en la cotidianidad».

Recuerda un hecho que lo impactó para siempre en la creación de una de sus obras, Restrepo se encontraba en un criadero de caballos, cuando se le acercó un niño que le preguntó «¿puedo pintar así yo también los caballos rojos?» Y la respuesta fue: Claro, maestro.

Colombia alucinada
Restrepo analiza el momento artístico que se da en Colombia y lo «pinta» como una etapa de «fiebre a cuarenta grados, alucinada». Es un periodo que se tiene que vivir cuando se produce un desgarramiento de informaciones artísticas en todo el mundo. Es cuando se modifica el concepto del «artista muerto de hambre», el bohemio o la persona anormal alejada de los elementos comunes de la razón, por algún pincel. «Vivimos la Babel, tenemos lenguajes diferentes, somos inquietos y siempre estamos buscando. Pertenezco a la calle.»

Amigo de Van Gogh.
Su mayor influencia viene de su amigo Van Gogh, a quien conoció a través de las cartas a Theo. En 1969 conoció la famosa obra de Los Girasoles. Se dio cuenta que el maestro relacionó el arte con su vida, vio al hombre sin buscar en él la enseñanza pictórica; sin embargo se guió por su color y le «metió luz a la obra». Si uno de ellos refutó el color negro en una época, el otro lo retoma, Restrepo analiza cinco tonos de negro en los cuales investiga para poder «empezar a pintar». «Basta con una amigo de esa calidad».

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